Cerrar la página (o el merequetengue post-electoral).

En lo político, la decisión sigue pendiente. Quien no haya perdido el interés por lo electoral en Coahuila probablemente se ha extraviado ya en el maremoto de noticias, rumores y profecías. El común de la gente sigue con su vida; los políticos, con esa agenda.

En el centro del Estado, el todavía Gobernador (quien, con todo y sin importar el resultado, saldría por la puerta trasera) afirmó: “ya se cerró esta página” (VANGUARDIA, agosto 10 de 2017). Independientemente de que más de dos se miraron extrañados pues, contrario a lo afirmado por quien todavía firma los decretos, las páginas no “se cierran”, es inevitable recordar las palabras de quien fuera Secretario de Gobierno de ésta, la administración heredara: sobre la deuda, pidió “darle vuelta a la página” (VANGUARDIA, febrero 23 de 2012). Aquél Secretario tiene, hoy, una Constancia que lo hace gobernador electo.

Mas propio eso de “darle la vuelta” y no “cerrar” la página, sin duda. Pero aquí a nadie se corrige. Las expresiones, sin embargo, son buena representación de inercia que se tiene cuando hay un gobierno de los mismos. La serpiente que se come a sí misma; el inicio y el final, en el mismo punto. Son importantes además porque, sin tapujos, permite ver a un titular del Ejecutivo (que debiera considerar a todos) haciendo propia la postura de un Partido Político (que considera a solo unos cuantos).

La expresión del 2012 enseñó, además, que eso de olvidar un tema requiere más que solo querer: La deuda fue leitmotiv en esta administración.

Los opositores, que cuando debieron no se unieron, posan frente a Palacio de Gobierno. Se toman fotos y juran ya viene la nulidad de la elección. Estas fotos se comparten en redes sociales. Aderezan las imágenes con mil palabras: en programas de radio, en reuniones cada vez menos concurridas. Exigen renuncias, señalan fraudes. Si los gobiernos se consiguieran a fuerza de tuitazos, habría claros ganadores. Pero el asunto terminará en los votos que faltaron, el dinero que sobró y las reglas para fiscalizar que no llegaron.

Entre el “cerrar la página” y la “selfie-pal-feis”, están quienes se regodean de copiosos análisis, predicciones y hallazgos. La agenda se ha extendido más que la propia información, dejando espacios llenados por la especulación.

Tras emblemas de empleos previos u ocultos en lo irreal de las redes sociales, quienes comunican afirman con la misma seguridad a favor cualquiera de las dos posturas. Todos llenan párrafos. Y, aquí, con cuidado: Quien no es indiferente, tiene opinión y la opinión vive con los bandos en pugna. Pero una cosa es tomar postura y otra inventar virtudes o meter zancadillas. La desinformación, lástima, ha permanecido de manera constante.

El merequetengue electoral no es más que el síntoma de lo costoso que resulta emplear las fuerzas para todo. Los costos de un gobierno ya gastado. ¿Es que nada se ha aprendido?

Quien tiene el poder, puede imponer un candidato aun cuando nadie más le vea virtudes. Claro que puede hacerlo, pero ¿debería hacerlo? Puede imponer, repartir el queso, quitar, gritar, prohibir. Olvidan que también ellos serán olvidados. Así es el poder: ¿es inteligente gastarlo hasta que no quede más que el caos?

El uso del poder cuesta… y no solo se trata de dinero. Ése, como quiera y con probidad mínima, se consigue hasta con empresas fantasmas. Las páginas no se cierran, así de simple. Por decreto, ya se vio, tampoco puede dárseles la vuelta.

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@victorspena

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