La oveja aullando

La posición del candidato Meade en las encuestas cada vez más hundido en el lejano tercer lugar es, sobre todo, producto del enorme descontento de los mexicanos hacia el gobierno más corrupto, ineficiente e incapaz que ha tenido nuestro país, al menos, en las últimas cuatro décadas. Por eso, de acuerdo con los pronósticos, nueve de cada diez ciudadanos mostrarán su repudio al PRI en la que promete ser la derrota electoral más dura de toda su historia.

Sin embargo, en su afán por deslastrarse del Revolucionario Institucional los mexicanos podrían elegir algo todavía peor: el retorno del populismo autoritario. Y es que, invadidos por el enojo, están siendo engañados por Andrés Manuel quien, a diestra y siniestra, les hace promesas que, por muy bonitas que parezcan, no se pueden cumplir; salvo, claro está, que se endeude al país como se hizo en la docena trágica de Echeverría y López Portillo, de quienes AMLO es destacado discípulo.

Vendedor de falsas promesas, creador de ilusiones y fantasías, Andrés busca engañar a quienes, de buena voluntad, sienten la necesidad de un cambio que, sin embargo, no será como el autócrata les ha prometido. Sino que, más bien, se parecerá mucho a lo expresado, con total convicción, por Paco Ignacio Taibo II: “¡exprópialos!” Expropiar empresas; gobernar a través de edictos pasando por encima del Congreso; censurar medios; perseguir y acotar a las organizaciones de la sociedad civil para que éstas no le señalen ineficiencias e irregularidades; otorgar amnistía a quienes postren la rodilla y lo acepten como líder supremo; reprimir, en cambio, a quienes opinen en su contra para imponer su voluntad aunque sólo lo apoye una minoría, son todos signos de un autoritarismo que creímos sepultado en la historia pero que, para desgracia de México, algunos están tentados a resucitar.

Andrés Manuel está ansioso por ejecutar su tiranía, tanto, que comienza a descuidarse confiado en que va adelante en las encuestas. Debajo del disfraz de oveja, al lobo se le escapan algunos aullidos. Ojalá y reconozcamos a tiempo el peligro, para no terminar metiendo al lobo al corral.

Face: marcelotorresc / Tuitter: @marcelotorresc

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