¿Por qué se ha mentido tanto?

“La verdad espera. Sólo la mentira tiene prisa”. Alexandru Blahuta.

Coahuila, su gente, fue engañado por estos señores Moreira. Tenían fraguado un pacto chapucero para hacerse del poder y del dinero (fácil y rápidamente, a cualquier costo, asociándose para ello… con quién fuera).

La pobreza de cuna les dolía tanto.

Al mayor (Rubén Ignacio), ser de familia de trabajo pero modesta, le suponía un desencuentro emocional muy hondo. Así, pensarse de izquierda, y al tiempo soñar con ser muy rico y “elevarse de clase”, era también un antagonismo espiritual que lo confundía (como si el enriquecerse de forma espontánea y truculenta, significara elevación y no miseria). Rubén Moreira deseaba tener, ser reconocido y hasta ser temido para pertenecer; y todo, para olvidarse y hacer olvidar, su origen pobre y su aborrecida por honrada, casta magisterial.

Al otro en el juego (Humberto,) le gustaba tener cosas y personas, mujeres y posesiones. Siempre pensó que él pensaba todo, pero ¿fue títere de los insanos afanes de quién se dice “el pensador”, quién necesitaba su popularidad para ser remolcado al poder? Humberto, con la llegada al poder, vendería el alma al diablo. Para ello necesitaba del concurso de otro diablo, su hermano Rubén, (que hiciera por él la chamba sucia). Que paradoja: Para quitarse el roce indigno (y decirse ajeno), encumbró al indigno. Y, al final del camino (a meses de entregar el poder y buscar fuero de elección popular), el indigno lo sacó de competencia.

Empezaron mintiéndose, traicionando la casa.

Mintiéndose a sí mismos, traicionándose entre ellos, y traicionando su origen, despreciando la honorabilidad familiar, así comenzó esta mala historia. Mentir fue a partir de ese joven entonces, su forma de saberse ser, su errada escalada de peldaños (pisando manos, aplastando cabezas, cercenando almas).

Mentir fue siendo cómodo y efectivo. Engañaron a los profesores y con ese fraude gremial, engañaron su esencia. Pero ya eran cínicos entonces, mentir una vez fue como a los sicarios liquidar al primero. Luego, mentir fue siendo la forma de todo.

Rubén Ignacio dejó la zurdera y devino en magnate. Dejó de cambiar de mujeres (de usarlas) y se convirtió en seductor de almas. Buscó el poder por el poder y el dinero por poder ser. Mintió que tenía títulos universitarios cuando no terminaba etapas. Inconclusa su mente e incompleta su realidad. Confundida su alma y malvada su intención. Terminó siendo usado por otra más lista que él.

Humberto dejó el sombrero vaquero y se dijo profesor. Dejó las fondas y los tugurios y se dijo político. Le bailó a la gente y se bailó a la gente. Dice que el gordo es el malo y él también lo es. Ha pagado caro, carísimo, las mentiras (de ambos hermanos) a los grupos donde “mentir es muerte”.

Deudas, saqueos, negocios.

Nunca ha querido Humberto aclarar de frente a la sociedad “en que se gastaron tantos miles de millones convertidos en MegaDeuda y cómo se hizo”. Lo único cierto es que “ejerció” un sexenio (5 años y un mes) con los presupuestos más grandes que nunca por el alto precio del petróleo, que pasó de cero deuda a más de 37,000 millones, que desaparecieron 30,000 millones de fondos de pensiones de maestros y trabajadores al servicio del estado y que se dejó de pagar millones a proveedores.
En todo se mintió, nada se explicó. Mentir fue bueno para ellos y perverso para la robada sociedad de Coahuila.

Rubén Ignacio mandaba en el sexenio de su hermano. Impuso funcionarios en área de finanzas (Villarreal, Jorge Torres, Ismael Ramos, Jesús Ochoa). Impuso también el área de justicia y policía (Jesús Torres Charles, Armando Luna Canales, Homero Ramos Gloria). Fue beneficiario directo del dinero de las deudas y fue el “controlador del giro negro”. Hoy es el jefe de jefes (soborno y sociedad criminal).

Pero luego, él fue gobernador y tapó la MegaDeuda de su hermano, no peleó el dinero de Villarreal y compañía en Texas, regaló 25,000 millones de “intereses” a los bancos y pidió 25,000 millones más, “prestados”. Deja, luego de 6 años, prácticamente la misma deuda que recibió (más de 46,000 millones). Hincó a proveedores del otro sexenio y les pagaron menos de la mitad de lo adeudado.

En lugar de resarcir al magisterio el quebranto, les dio el golpe de muerte: creo una ley de pensiones que quita al gobierno la responsabilidad de dar seguridad social (pensiones, salud, etc.), se dejó de aportar a los quebrados fondos de pensiones (UAAAN, UAdeC, sección 38 y 5, pensiones del estado y municipios) y se dejó de brindar salud a educadores. Firmó con los disidentes convenios y no cumplió ninguno. Su palabra es deshonra y mentir siguió siendo su ley.

Cifras, estadísticas e indicadores.

Los informes del moreirato fueron show y simulación. Toda cifra es mentira, todo avance es trucado. Si antes se mentía en datos duros (Humberto) en ese ayer hubo programas sociales, obra y empleo. Ahora, escasa obra e inconclusa, abandono del campo y nulos programas sociales (salvo en la compra del voto del hambre).

El orden, el Plan de Desarrollo y los indicadores del desempeño, son solo figuras de la geometría de la simulación. La soberbia con la que se gobierna ahora, se explica fácil entendiendo que la única brújula imperante para administrar el estado son el humor y ocurrencias del iluminado. El uso del dinero público obedece a los negocios personales (saqueos y eventos fantasma). Planes y programas, informes y reportes a dependencias federales y órganos revisores, son mentira y enredo.

Dieron y dan dinero del pueblo (de la tesorería) a toda instancia internacional y nacional que revise, audite, evalúe y sancione temas locales (derechos humanos, empleo, desarrollo social, pobreza, transparencia, etc.). Se compran voluntades y un equipo especial se encarga de mentir y engañar a los ilusos del centro.

Ningún dato es cierto, en todos los casos se aumentan metas logradas y se reducen numeralias de inseguridad, desempleo, obras y pobreza.

Mentir es forma y es fondo.

Mentir es la sonrisa que se esboza en las cínicas caras de Los Moreira, mentir es la energía que se dice tener pero que es hiperquinesia monetaria. Mentir es la nueva forma de gobernar. Mentir es el orgullo del norte.

¡Este gobierno Moreira, es la vergüenza de México!.

¿Por qué se ha mentido tanto?

Porque así son estos tipos. Soberanos mentirosos, un fraude Moreira.

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