El impacto real

Los analistas económicos coincidían en que la probabilidad que Estados Unidos aplicara el arancel del 5% a las importaciones mexicanas rondaba el 70%. La cifra se me hacía muy alta y la realidad lo confirmó.

La razón es meramente pragmática. A México le afectaría enormemente la medida, pero a Estados Unidos también. Se trataba de quedar bien con el electorado sin hacer daño. Con el amago sería suficiente. Sin embargo, la amenaza queda sobre la mesa y pudiera ser retomada en cualquier momento, de así convenir al presidente Trump para su posicionamiento político. Por lo que no está demás analizar sus consecuencias.

La mayoría de los especialistas ha manifestado que un arancel del 5% no afectaría mayormente a nuestra planta exportadora, pues el mercado, sobre todo el cambiario, ya habría descontado el efecto del impuesto a las exportaciones mexicanas y devaluado el peso casi 5%. Es decir, no habría daño por un efecto de compensación: los exportadores ganarían menos dólares, pero que valen más.

Yo no coincido; el análisis es más complejo que eso. Veamos el detalle.

Como el impuesto lo pagaría el importador norteamericano, tendría tres opciones: 1) pagar el arancel y transferirlo al consumidor norteamericano; 2) pagar el arancel y transferirlo al exportador mexicano descontándolo del precio; y 3) buscar otro proveedor nacional o de otro país.

La reacción del importador dependerá del tipo de producto, de su precio y de la elasticidad de su precio. Por ejemplo, los aguacates, el tequila y la cerveza favorita de los estadounidenses, productos exclusivamente mexicanos, gozan de una alta inelasticidad: si el precio sube, la cantidad demandada cae poco o nada. En este caso lo más probable es que el consumidor absorba el sobreprecio y abone a la inflación de aquel país. En el mismo rubro entrarían también vehículos que únicamente se ensamblan en México.

Productos como tomates, berries y pimientos, fuertemente demandados por el consumidor norteamericano, también son producidos allá, pero no en cantidades suficientes. Como hay un precio establecido por el mercado, el importador no puede vender por encima de éste, por lo cual transferiría el costo total del arancel al productor mexicano.

Para el caso de bienes cuyo diferencial en precio y en producto es pequeño, como los granos, serían sustituidos por producción nacional o de otros países, hasta donde lo permitan los costos por logística.

Los impuestos en general, y los aranceles en particular, distorsionan los mercados y causan pérdidas a todos. Hago votos por la pronta ratificación del T-MEC y la eliminación permanente de este tipo de amenazas.  

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