La inocencia atrapada

En mayo de este año el gobierno de Donald Trump, bajo la política de Tolerancia Cero, comenzó a procesar judicialmente a todos los adultos que ilegalmente cruzaban la frontera de Estados Unidos-México y en ese proceso, más de 2300 niños acompañados de familiares adultos, fueron separados de sus padres y ubicados en puestos de detención, jaulas, cual animales peligrosos, o con familias de acogida, también los ubicaron en tiendas de plástico que con el sol se calientan y registran temperaturas extremas; las imágenes de niños llorando por sus padres y su situación en las tiendas y jaulas, generó una tormenta de indignación y críticas al gobierno estadounidense por parte de mandatarios, congresistas, religiosos, médicos y defensores de derechos humanos que unánimemente tacharon la decisión trompiana de cruel e inhumana y que emulaba la política nazi de separación de familias.

Trump intentó justificarse recurriendo a leyes de su país aprobadas hace 10 años contra el tráfico de personas, aunque por la fuerte presión y protestas internas e internacionales, el presidente decidió retroceder en su política de Tolerancia Cero y gracias a un dictamen de la OEA (27-06-20018) contra la política antimigrante se decretó la reunificación de las familias separadas deteniendo de momento los propósitos de defender prioritariamente a la diezmada población blanca de los EUA.

A partir de estos hechos Trump ha sido ratificado como un presidente fascista, que persistentemente restringe los derechos humanos y busca vías para reforzar su política antimigrante, que fue uno de los ejes de su candidatura presidencial y ahora hace de ello la bandera para su reelección con políticas maniqueas y excluyentes que siembran el terror, con consecuencias terribles para las familias separadas y ahora los migrantes son los chivos expiatorios para distraer la atención de los graves problemas que aquejan a los EUA.

La multiculturalidad estadounidense es excesivamente compleja, tanto ideológica, política, cultural como económicamente, lo que dificulta mucho saber, en términos de la matemática electoral, hasta dónde llegará Trump en sus decisiones antimigrantes, pese a que es un tipo poco serio, porque si un día sostiene una cosa, al siguiente se desdice y afirma otra.

En realidad, la inmigración ilegal es un jugoso negocio que da empleo a abogados, empresarios e intermediarios (polleros) que se benefician de la política de seguridad migratoria, además Trump intenta esconder datos que invalidan su política de terror hacia los migrantes, por ejemplo, en los últimos 20 años la migración hacia EU ha disminuido de manera drástica y gran parte de los deportados no cuentan con antecedentes penales como lo él afirma; dice, son violadores, drogadictos y asesinos y aunque esos existan, no son mayoría en los EUA, no, los migrantes son gente que contribuye a la productividad y el crecimiento económico ese país y hasta laboran en trabajos que los estadounidenses rechazan.

Las políticas antimigrantes de Trump son un arma de presión, de disuasión y unilaterales, su objetivo es que el Congreso de EUA logre las reformas que ese país necesita ante un sistema fallido y disfuncional.

A Donald le urge una reforma migratoria que le permita expulsar a los indocumentados sin que intervengan jueces y Cortes, pero el partido Republicano está dividido y esa es la mayor dificultad para el logro de los propósitos del presidente.

Aunque el dictamen de la OEA propició la reunificación de las familias de migrantes con sus niños, esto no ha sido inmediato, sino dificultoso porque muchos infantes fueron enviados a centros lejanos de la frontera sur y a los padres les es a veces imposible viajar a Nueva York, por ejemplo, las cosas no van bien para la reunificación de familias de migrantes.

El virtual presidente electo de México, López Obrador tiene ante sí la oportunidad de convertir a México en un líder regional colocando en la agenda el tema migratorio, aunque cuidando que EUA no evada sus responsabilidades.

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